Nadie quiere matar a nadie

Somos seres sociales

Efectivamente, nadie quiere matar a nadie, y aunque eso pueda ser muy discutible y ofender la memoria de miles de víctimas, lo cierto es que las estadísticas no dejan lugar a dudas. El ser humano es por naturaleza sociable y reacio a sustraer la vida de sus congéneres.

Realidad que a veces choca con las noticias y escritos que nos llegan desde diferentes medios, véase la “violencia de género”, el cine de acción, los juegos digitales, o las novelas y ensayos que defienden aquella locución de Plauto “el hombre es un lobo para el hombre”.

Efectivamente, nadie quiere matar a nadie, y aunque eso pueda ser muy discutible y ofender la memoria de miles de víctimas, lo cierto es que las estadísticas no dejan lugar a dudas. El ser humano es por naturaleza sociable y reacio a sustraer la vida de sus congéneres.

Realidad que a veces choca con las noticias y escritos que nos llegan desde diferentes medios, véase la “violencia de género”, el cine de acción, los juegos digitales, o las novelas y ensayos que defienden aquella locución de Plauto “el hombre es un lobo para el hombre”.

Según el estudio mundial que la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra las drogas y el delito) hizo en 2012 sobre el homicidio, casi medio millón de personas (437.000) perdieron la vida a causa de asesinatos violentos en todo el mundo, eso son 6,2 víctimas por cada 100.000 habitantes, es decir un 0,0062%.

No se trata de minimizar los hechos sino de ponerlos en su justa perspectiva, y desde esa posición preguntarnos: por qué son tan bajas las cifras de fallecidos, y qué es lo que conduce a un ser humano a matar si ello va contra su naturaleza.

Informes de guerra

Informes de guerra

Según varios informes de guerra, recogidos en el libro “On Killing” escrito por el teniente coronel Dave Grossman, que van desde más atrás de la I Guerra Mundial hasta la contienda de Vietnam, el porcentaje de soldados que en el frente de guerra, donde se supone que tenemos “licencia para matar”, dispararon a dar es muy pequeño, tan solo entre un 15 y un 20 por ciento.

El historiador S.L.A. Marshall recoge en su libro “Men against fire” que el 75 por ciento de los soldados norteamericanos que lucharon en la II Guerra Mundial no fueron capaces de responder al fuego enemigo. Concluyendo que los soldados que no están específicamente entrenados para matar, normalmente no lo hacen. Y está demostrado que no es por cobardía.

Por eso los ejércitos modernos no tienen mas remedio que luchar contra esos frenos psicológicos si quieren que sus soldados disparen a matar en el frente de batalla. Es muy interesante ver el esfuerzo sobrehumano a que son sometidos, en forma de entrenamientos durísimos, para romper lo que millones de años de evolución y la cultura ha construido, su humanidad.

Somos seres sociales, no asesinos

Los seres humanos tenemos millones de años de convivencia en sociedad, ello ha desarrollado mecanismos psicológicos (empatía, neuronas espejo, etc.) que frenan cualquier impulso de matar a un congénere. A menos que suframos de psicosis, nos veamos envueltos en una situación de peligro real e inevitable, o el odio que sentimos hacia un colectivo es tan grande que los hemos convertido en objetos exentos de humanidad.

También pueden facilitar la violencia la distancia física (utilizando armas de largo alcance donde no se ven las consecuencias), el alejamiento social y cultural, la falta de empatía y el carecer de vínculos interpersonales. Pero normalmente, cuando esa persona tienen un momento para reflexionar siente una repulsa tan fuerte hacia lo que ha hecho que puede incluso conducirle al suicidio.

Redescubrir y darse cuenta de que los millones de hombres y mujeres que habitamos el planeta no tenemos ninguna tendencia a matar (o en porcentaje ínfimo), es una noticia esperanzadora entre tantas guerras, noticias de asesinatos, fabricación de armas y tanta cultura de la violencia en videojuegos y películas.

Marc Hauser. Psicobiólogo de la Universidad de Harvard afirma que las principales fuentes de nuestros juicios morales no proceden de nuestras creencias religiosas, sino de una herencia biológica que facilitó crear y reafirmar nuestra convivencia en sociedad. Somos seres sociales innatos.

Que no nos robe nuestra humanidad ese continuo bombardeo de imágenes erróneas donde se muestra al hombre como un ser violento, despiadado, sin escrúpulos, capaz de matar por menos de nada. Eso no somos nosotros.

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