Ética y Economía

Ética y economía, decrecimiento, desigualdad

Sobre ética dedicaremos un artículo próximamente en el apartado de educación, por ello baste decir, para entendernos, que ética es una reflexión sobre cómo queremos ser en la vida, sobre nuestra libertad de acción y la libertad de los demás, ética sería el proyecto de nuestra humanidad y del apoyo a la humanidad de otros como diría Fernando Savater.

¿Qué es la economía?

Pero qué es exáctamente la economía, podríamos preguntarnos, y es que todos sabemos qué es pero definirla no es tan sencillo. Se puede hablar de ella en términos de energía, la energía que nos permite manifestar cosas en la sociedad y crear obras de forma colectiva. Pero también es el estudio del comportamiento humano entorno a su relación con el dinero y los intercambios.

Por ello se puede decir que la economía es una ciencia social que se encarga de analizar, describir  e interpretar, valiéndose de cálculos matemáticos, nuestra relación con el entorno económico enfocándose al beneficio. Pero además, analiza los procesos de extracción, transformación, producción y consumo con el supuesto fin de mejorar la calidad de vida, por ello está muy ligado a las ciencias políticas, pues desde los gobiernos se dictan políticas económicas que buscan mejorar la vida de la sociedad.

De esta manera, como ciencia social, la economía puede convertirse en una buena ciencia (una ciencia efectiva en la consecución de su meta que es el beneficio monetario de sectores muy concretos); o en una ciencia buena (una ciencia que incluye en sus metas el beneficio de toda la sociedad y una relación de respeto con el medio ambiente).

Es decir, puede ser una ciencia racional y explotar lo que da de sí la razón (sin importar las consecuencias), o puede ser una ciencia razonable capaz de englobar en sus teorías humanidad y naturaleza.

La brecha entre ricos y pobres

Así pues tenemos que la economía puede ser ética o no serlo. Y no hay que pensar mucho para darse cuenta de que las economías de casi todos los países del mundo tienen poco de éticas, prueba de ello es la actual desigualdad existente entre ricos y pobres, y lo que es peor, es una tendencia que va a más, y cada vez más rápido.

Ni siquiera se salvan de esta brecha las clases medias que, en palabras de Joseph E. Stiglitz (premio nobel de economía), no pueden subir en el ascensor de la prosperidad porque la minoría que controla la riqueza mundial lo impide, y lo hace gracias a esa cercanía entre economía y política, sus poderosos lobbies influyen en las políticas económicas que los gobiernos ponen en marcha, y no para beneficio de todos. Solo un apunte: está bien rescatar al sector financiero pero no rescatar a las familias víctimas de hipotecas abusivas.

Una nueva ciencia económica

Urge aplicar una nueva ciencia económica, una ciencia buena que se reconozca humana. No hacerlo supone someter a la humanidad a intereses económicos, en forma de explotación y manipulación como simples objetos productores y consumidores. Y esa minoría que niega la dignidad de los demás, está corrompiendo su propia humanidad.

Afortunadamente están surgiendo nuevos paradigmas económicos que comienzan a dar sus primeros pasos: teoría del decrecimiento (Serge Latouche es uno de sus fervientes defensores); la economía del bien común (proyecto de Christian Felber); economía budista (del autor  del libro “Lo pequeño es hermoso“, Ernst F. Schumacher); economía humana (de Ferrán Caudet); incluso muchas de las obras de Jose Luis Sampedro apuntan hacia ese cambio de paradigma. Estas nuevas ideas las iremos viendo en próximos artículos.

Pero nosotros, ciudadanos inquietos y curiosos, también podemos empezar este cambio hacia una nueva economía. ¿Cómo? siendo conscientes de su necesidad, apoyando estos proyectos y asumiendo, en la medida de nuestras posibilidades, estas ideas en nuestras vidas cotidianas.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *